Seguro que muchos de vosotros habéis oído hablar o probado alguna vez los bollos preñaos. Si no es así, estáis de suerte, vais a conocerlos.
Se trata de una pieza de pan alargada rellena normalmente de chorizo y panceta. Típicos de algunas zonas del norte de España, como Asturias, Cantabria...
Los de hoy no son los originales, porque estos son pequeñas bolas rellenas de chorizo y otras rellenas de pavo y queso. Ya los conocéis, así que os presento a los bollitos preñaos.
Cuando era pequeña, mi abuela "cocía" (no se si el acto de hacer pan recibe este nombre en todos los sitios) una vez cada dos meses, más o menos. Aprovechaba las juntanzas familiares para hacer esta tan larga y dura tarea. Mis primos y yo esperábamos ese día como agua de mayo. Para nosotros era como una gran fiesta. Nuestras madres hacían pan, distintas empanadas y los tan ansiados bollos preñados. A veces, los más mayores ayudábamos a hacerlos (a lo mejor solo colocando la berza debajo, pero lo importante era participar).
Una vez "tendían el pan" (otra jerga) y lo metían en el horno, preguntábamos cada cinco minutos si ya estaban listos o no. Pasada una hora y pico, veíamos sacar la hornada y como la llevaban a la cocina. Saltábamos impacientes para saber quien era el primero en reconocer su bollo preñao.
Una vez hecho el reconocimiento, (en ocasiones no los distinguíamos y acabábamos peleándonos) los dejábamos enfriar unos minutos y los comíamos rápidamente.
Aún recuerdo esos momentos, ese olor a pan recién hecho, esas empanadas de manzana, de atún y de panceta, esa torta de nata y azúcar que tanto me gustaba, y como no, eses bollos con chorizo en el medio. Que morriña me está dando!
